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NACHO Y EL CIRCO (em espanhol/en español)

NACHO Y EL CIRCO

Érase una vez un chico de ocho años que se llamaba Nacho. Él vivía con su mamá y vendía los dulces que ella hacía para sostener su casa.
Él era encantado por circos y siempre soñaba que estaba en uno, pero siquiera había ido al circo, pues la ciudad en que vivía era muy pequeña y lejos de la capital.
Pero un día, un circo apareció allá y él pensó que finalmente su sueño iba a tornarse realidad. El circo llegó en una noche y antes que partiera la luna el montaje ya estaba listo.
El chico, sentado en una motito cerca de allí, acompaño todo.
Nacho fue, entonces, hablar con su mamá:
-¡Mamita!, ¡ha llegado un circo en la ciudad! ¡A mi me encantaría irme al espectáculo! ¿Usted podría darme algunas moneditas para comprar la entrada?
-Mi amorcito, perdóname, pero la verdad es que no tengo nada.
El niño fue aun así hasta el circo y se quedó a caminar al rededor de aquella cosa que parecía una gigante tienda de campaña, pidiendo ayuda a las personas, pero nadie pudo ayudarle. El chico se quedó muy triste, pues sabía que el circo iba a partir antes de su mamá tener dinero para darle.
Él oyó los aplausos allá adentro: empezara el espectáculo sin él.
En ese momento él ya no tenía más esperanzas. Allí adonde estaba, detrás del circo, vía los tigres, los leones, todos esperando su vez de adentrar y hacer su número.
Y reparó en un señor desesperado, gritando:
-¿Dónde está el trapecista? ¡El trapecista ha sumido!
Y el chico fue hasta él y dijo:
-Señor, soy trapecista. Si usted quiere, lo substituyo hoy.
-Sí, si no hay otra opción, ¡dale!.
La verdad es que el chico le mintió. ¿Cómo un chico que nunca en su vida ha ido al circo iba a saber hacer algo de trapecio?
Pero mismo así él se fue.
A pesar de estar detrás de la escena, tubo una visión privilegiada del espectáculo.
Hasta que llegó su hora. El dueño del circo fue hasta él y le dijo:
-¡Ve y haga tu mejor!
El chico fue y cerró los ojos. Saltó en una cama elástica y las dos asistentes de trapecio le jugaban de un lado al otro y lo agarraban. Hasta que él cayó en la cama elástica otra vez y terminó su parte.
Al fin del espectáculo, en dueño del circo le dijo:
-Niño, te vas a quedarte con nosotros para substituir el que ha desaparecido, ¿no?
-No sé, señor. Necesito pensar un rato...
En ese momento llega corriendo el viejo trapecista y explica al dueño el sucedido:
-El dueño del circo oponente me secuestró y quería que yo trabajara para él, pero huí y llamé la policía.
El chico dice entonces al dueño:
-Señor, deje que él regrese a su puesto. Yo aun soy muy chico y quiero seguir estudiando, por lo menos por ahora.
-¡Claro, Nacho! ¡Estás cierto! Pero te daré mi teléfono. Si algún día quieras trabajar en mi circo, ¡me llame!
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Gracias a mi amiga Stephanie Nisenholz por la revisión
Fúlvio Loreto
Enviado por Fúlvio Loreto em 04/09/2007
Reeditado em 04/09/2007
Código do texto: T638200
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Sobre o autor
Fúlvio Loreto
Porto Alegre - Rio Grande do Sul - Brasil
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Fúlvio Loreto