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POR UN GRAN AMOR


Fue en aquella mañana de sol,
En la playa de Copacabana,
Miré la sutileza de su femeneidad,
De aquella sonrisa de felicidad.

Todo cambió en aquel instante,
En aquel cuerpo talentoso,
Abriendo el tiempo real,
En las arenas besadas por el mar.

Una delicadeza escuchando música,
Al ritmo de la melodia brasilera,
En la dialéctica de la voz sutil,
Allí estaba mi princesa.

Sosteniendo una bandera,
Recostada en las cálidas arenas,
Una talentosa argentina,
Balanceaba mi bandera.

Era verde y amarilla,
Los colores de mi Brasil,
Resplandecientes en las manos leves,
Com sus ojos otrora cerrados.

Aquella luz percorria,
Con su mirada amable,
Desde el Pão de Açúcar al Corcovado,
En la elegancia de los pasos afables.


Com bikini del color de la noche,
Belleza es tu cuerpo y tu alma,
Que acato cerca de ti,
Y desde aquel dia em adelante, fue todo.

Fuimos las maravillas del mundo,
Des la Gafieira hasta el Asa Branca,
Jugamos en la Avenida Rio Branco,
Entre los rascacielos cariocas.

Desde el amplio carioca al subte,
Juntos, pasamos em el amarillito,
Un chope de Brahma helado,
Entramos en el Cafe Nice y cenamos.

Bajamos en la Sete de Setembro,
En la travessia do Ouvidor,
LLegamos a la Avenida Presidente Vargas,
Y allí intercambiamos dulces amores.

Era febrero en Rio de Janeiro,
El mes entero de carnaval,
En la avenida del sambódromo,
Sólo fantasias de amor.

Ella y yo en la mayor fiesta do globo,
Danzando el ritmo del samba,
Entre regocijos y emociones,
Que se iban para el mar.

Llevé mi amor ardiente,
Allá en las representación del samba,
En la agitada de la pasarela va danzar,
En el calor ardiente de Rio abrazar.

Sonrisa argentina carioca,
Me abrazaba en el médio de la calle,
Yo la adornaba con caricias,
Besos, besos y amor para dar.

Era mi otra mitad,
Mis cabellos y mi boca,
Mi alma adornada,
Con esta linda namorada.

Así fue nuestro romance,
En la tropicalidad carioca,
Entre muchos dias y noches,
En el apogeo fulminense.

La primavera de Rio de Janeiro,
Es un colorido de flores ornamentales,
De los parques y jardines florecen,
La ebullición de amor por ti

Em el desatar de los dias corridos,
Abrazamos todo el museo vivo,
Penetramos en el follaje verde,
Del encantado Jardim Botânico.

Entre las palmeras de açaí,
Te robé un beso prolongado,
En aquellos labios rosados,
De una pasión abrazadera.

En el desfiladero de palmeras,
Allá en la puerta central,
De la Rua Jardim Botânico,
Aseguré tus manos cariñosas.

El viento soplaba fuerte entre las palmas,
Yo la aproximaba en un abrazo,
Absorbiendo su lengua sugada,
En el médio de las palmeras imperiales.

Aún estabamos bésandonos,
Y escuchando a las pajas tocándose,
Unas en las otras latiendo fuerte,
Enfiladas pajas verdes.

Rebotaban, retorcían, el viento soplaba,
Amor, mi gran amor,
Note que las pajas se tocan,
Como si fuesen nuestras manos.

Por ello ellas aplauden,
Obserbando nuestro romance intenso,
Que solamente nosotro dos amantes,
Sabemos la dimensión de este sentimiento.

Nos sentamos al pie de la palmera imperial,
Apreté tu cuerpo al mio,
Naufragué mis manos,
En el barco de tus cabellos y soñé.

Transcurrieron los meses con prontitud,
Brilló el fin de año en Rio,
En el mayor festejo del año,
En la concentración de los fuegos.

Centellando todo mi Rio,
Detonando en la esencia de los cielos,
De la ciudad maravillosa,
Fuegos artificiales brillaban.

En aquella magia clareando la faz,
Vestida toda en la blancura,
Yendo la reina de las aguas del mar,
Ofrecer flores al año que va llegar.

Andamos desde Leme al Posto Seis,
Con variados bufês tropicales,
Avistando de las fachadas de los hoteles,
Centelladas sonrisas en colores.

Recibe estas orquídeas,
Mujer, Tu eres toda mia,
En todos mis brazos y abrazos,
Yo siempre te amaré toda enterita.

Quiero ser tu fortaleza,
En tus sueños soñados,
Dentro de los miedos y tristezas,
De una hermosa mujer.

Quiero ser tu atención, mujer,
Sentir tus dudas y miedos,
Y llamarte de mi amor,
En las orillas de aproximación.

Andando, voy a dejar de navegar,
Por aquellos caminos que te herí,
En el deseo, locuras de amor van a decir,
En tu boca contar que te besé.

Me declaro en tus abrazos,
Y me quedo entre tus senos amantes,
Con palabras que son verdades,
Revestidas con lisos diamantes.

Quiero ser fiel a tus ojos,
Así como el sol que te baña,
En todas las lindas mañanas,
Surgiendo en cada frescura.

En esta poesia, mi sentimiento és leal,
Haciendo que sonrias para mi,
En nuestros rios de amistades,
Yo soy tu mayor simplicidad.

En todas las madrugadas voy a sorprender,
En la intensidad de mis deseos,
Mi enamorada e incesante mujer,
Vienes y me abrazas con tus besos.

Tu distancia me duele,
Y tu foto me confisca,
Entre llantos y lluvias,
Perdido en esta distancia.

Veo mi mirada infundida en el espejo,
Y nada puedo hacer para alimentar,
El dolor que me hiere en legüas,
Retratando en la fantástica faz.

Que ya un dia estuviste conmigo,
Cantando, sollozando y sonriendo,
En varias noches bajo la luna,
En manos enlazadas yendo.

Voy a cuidar de esta tu infelicidad,
Donde yo esté, voy a luchar,
Desarmando la prisión amarga,
Invadida por sueños no soñados.

No dejes de recordarme,
Por las fisuras del pasado,
Azotadas en el tiempo y en el mar,
Y nunca te dejaré.

Ni que vengan ciclones y huracanes,
Una gigantesca represa de aço,
Estaré en la hora para me ofrecer,
Por esta inmensa uva de amor.

En cualquier situación presente,
Quiero amarte si estuvieras doliente,
Y contigo en el mismo barco quedar,
Entre noches sólo para querer sólo amarte.

No me importa en cuantas noches,
Aún permaneceré mirándote,
Virando mis pupilas en el amor,
Reflexionando dentro de ellas lo que siento.

Cuidaré de tus tristezas,
Apagaré de la lista negra,
Las arrugas cercanas de una pesadilla,
Ya totalmente olvidado dentro de mi.

Aún es tarde, no importan las horas,
Para mi, quiero ser tu mejor compañero,
En cada segundo, minuto y hora,
En la amplitud de la vida placentera.

Ya entregué en tus manos orquídeas,
Ahora, recibe las flores de los campos,
Fraseadas en un pañuelo de perfumes,
Apretadas en el pecho sublime.

Soy tu amor en cualquier momento,
De las eras que se fueron y de las que ya vienen,
No hay grietas que me separen de esta emoción,
Del inmenso arreglo de la sublimación.

Alguien en tus cabellos lisos,
Desciende mi boca en cupido,
Sustentando la firmeza de tu perfil,
En el ardor versátil con fulgor.

Siempre acepté tus palabras,
A vezes contrarias al tiempo,
Edifiqué mi sombra,
En el rojizo de tu alma.

Ese amor salvaje y blando,
Que grita estrepitósamente los tímpanos,
En los aguapés de mi vida amando,
Vestindo tu calor y acariciando.

No te perdono la traición,
Si vieras con chillido,
Entristeceré por la desunión,
Ahí, nuetro amor, será un chaparrón.

Si no bastasen las luchas,
Contrarias a tus queridos padres,
Sin lazos de amor en el adiós,
Siempre fui opuesto y negro.

Como si fuese um cachorro sin valor ,
Lo que interesa es nuestra fisionomia,
Transformada en millones de alegrias,
En um aleluia de feliz bendición.

Probé todo mi amor por ti,
Arrastré las últimas piedras anchas,
Que en el abismo del oásis quedaban,
Lanzadas mil contra mi.

Recuerdas del amor de Copacabana?
Estrellado luego en la avenida,
Nossa Senhora de Copacabana?
Que viramos por la Siqueira Campos.

Jamás lo olvidaré,
Las emocionadas noches cariocas,
Nunca tuvimos fatigas,
Y ni monotonia en el amor.

Desde Trocadero Othon Travel,
Nos quedamos allí viendo el mar,
Cenamos y nos amamos,
En las brisas de la avenida atlántica.

No me olvides, no me abandones,
Nuestros momentos son brillantes,
Desde la playa da barra da Tijuca,
Bellas noches de la Avenida Sernambetiba.

Juntos estábamos en el hotel Sherathon,
En el frente del mar verde y amarillo,
En las caricias y cupidos entre frigo-bar,
A vezes en la costa de la piscina para amarte.

Presentes, iba siempre comprar,
En la barrashopping para alegrar,
Nuestros dias placenteros,
En Rio de Janeiro, tu recordarás.

Tu siempre querías amor,
Amor, que siempre derramé en abundancia,
En saciadas galopadas de los verdes mares,
Desde el carnaval a las noches cariocas.

Hasta en el Recreio dos Bandeirantes,
Estuvimos juntos por allá,
En el Ville Del Sol en la estrada Pontal,
Ladeando las arenas desiertas.

En las cataratas de mi Brasil,
Del mi jubiloso rio Iguaçu,
Observo desde el margen al otro lado,
Veo que estás lejos de mi.

Aún me recuerdo,
Aquella tarde traicionera,
En el aeropuerto de Rio de Janeiro,
Fin dabas a tus vacaciones y partías.

Tus lágrimas eran constantes,
Hasta el tiempo paró,
Luego, una lluvia estrondó,
Después de la tormenta, partió el amor.

Desde la ventana niebla, un adios,
Su pañuelo empapado,
No aseguraba más las pérdidas,
De los llantos deslizados en el rostro.

Aún recuerdo aquel adios.
Rompiendo tu amor por mi,
Por la ventana, percibí las llamas,
De una torrencial pasión.

Sus palabras eran llantos,
En los hombros callado del poeta,
Asegurando las maletas del adios,
Así, se fue mi argentina.

Embalada en la turbulencia,
Allá para el Rio Del Plata,
No sé lo que será de mi,
En esta tarde lúgubre, así.

Ojos enrojecidos en llantos,
Mis lamentaciones goteaban,
Mi rostro se transformaba,
En un Rio de Janeiro sin fin.

Dios! Dios! Oh mi Dios!
Ten piedad de mi,
No me abandones en este lugar,
Aqui solo, no quedaré.

Mi Cristo Redentor!
Tu, Mesias o mi salvador,
Escúchame, Sácame de aqui,
Llévame de vuelta para Maranhão.

Allí, al menos poetaré,
Las más lindas canciones melódicas,
Entre mis palmeras de babaçu,
Para mi amor un día llegar.

Oh Dios! La mujer de mis sueños,
La argentina de los besos de miel,
Llevó mis últimas esperanzas,
Mis versos verseados en sonetos.

Llevando mi corazón en las alturas,
Yo aquí reflexionando los dolores,
Alucinado, versificado en la blandura,
Que se rinde al desespero.

Oh mi Cristo Redentor,
Solo me restan cuartetos de estos versos,
Para lamentar el triste dolor,
Que gira mi cabeza sollozada.

Firmé sin fuerzas un adios,
Mi corazón explotaba,
Tremía, estallando em el ardor,
Sufrido, incontrolable y lastimable.

En esta poema, voy a Foz do Iguaçu,
Mirar las pérdidas gigantescas,
Talvéz pedir para índia Naipi,
Que vive en las cataratas.

Que ella me ayude a traer,
Mi gran amor para mi,
No descenderé en la canoa,
Como Naipi descendió con Taroba.

Que huyeron rio abajo,
Arrastrados por la corriente,
De este modo no lo haré,
Por eso, vengo de Maranhão a decir.

Quiero pedirte que vayas a Puerto Iguazu,
Si es encantada en las rocas,
Para hacer cumplir mi deseo,
Quiero ahora mi argentina aqui.

No puedo más entrar,
Em tus grietas perdibles,
No sé mergullar,
No quiero contigo vivir.

No me engañes, vé rápido,
Sigue en tus aguas,
Y trae a la argentina para mi,
Permaneceré en la pasarela.

Avistando las plumas en los lechos,
Saltos d`água do Deus serpente,
Com M`Boy filho de tupã,
Hasta mi argentina, aqui llegar.

Adios Naipi, ya acabó el día,
Y mi argentina,
Hasta ahora no floreció,
Ojalá, yo mismo voy procurar.

En aquella floresta tropical,
Avisté el rio Paraná y el rio Iguaçu,
Recordé de mi rio Itapecuru,
Que queda en Caxias do Maranhão.

No habrá jamás problemas,
En estas dos grandes fronteras,
Que atraviesan dentro de mi,
En el aire de las aguas halago.

Sabes, ya lloré entre varias noches,
Sin verte o al menos mirarte,
Ya escuché expresiones calumniosas,
No, no, jamás me defendi.

Por tu amor, no herir,
No lastimé por tus cosas,
Solamente por causa de ti,
Prefiero el silencio presente.

Enfrenté a todos en una guerra sin fin,
Hoy, soy un combatiente sin espada,
En tu búsqueda, en tu dulce locura,
De las invernadas de galanteos sufriendo por ti.

Lamenté varios poemas y poesias,
Subi y descendí montañas y calles,
Atravesé varias madrugadas,
Sin al menos recordarte.

Sin saber que aquellos pasos,
Trémulos en las noches cálidas,
Paralizar delante de tu ventana,
Sólo para codiciarte y pensar en ti.

Mi amor, no me dejes,
Sólo, pensando en las mariposas,
En los colibris que vuelan en el tiempo,
Y aún estoy aqui, solo, solitario.

Veo, en tus recuerdos,
Grandes emociones soportaban,
Allá dentro de mi corazón,
Versión por tu cuerpo así.

Olas agitadas no te sofocan,
Ni el ruido de tu padre,
Con aquel esmeril para mi,
No va ahogar el fuego en el igarapé-mirim.

Las amenazas de tus hermanos,
De nada sirven para mi,
No soy una caza ni un cazador,
Tienes que cambiar el rumbo de esta rebeldía.

Si no fueras mia un día,
De otro tampoco serás,
Por el amor no te dejarás,
Verlos en otros rios para llorar.

Ya te di amores y placeres en jazmines,
Profundicé en tu luna en consideración,
Con el estandarte de mi bandera,
Derramando sudores en tu corazón.

Para construir juntos varios asientos,
En las plazas, calles y avenidas tristes,
Tu nombre y el mio crecerán,
En los árboles de los bosques en la Mesopotamia.

Si allá cuando yo llegar, tengo el placer,
De levantar la bandera brasilera,
En tus tierras para quedar,
Y juntos nunca más te dejaré.

Afincados, golpeados y letrados,
De un nuestro gran amor ,
Desde los troncos en el monte elevados,
Se eternizarán sin fracaso.

No sé vivir sin ti,
No puedo mirar,
Si no te veo en mis ojos,
Lágrimas en gotas deslizarán.

Formando lagos y rios,
Sé que el pasado desgarrará,
Siempre mi presente y futuro,
Encantando las primicias dejadas allá.

Si precisares, voy donde estuvieres,
Ni que sea en marte,
O quien sabe, talvez en la luna,
Pero tú no vivirás sola.

Estaré siempre para te aconsejar,
En tu éxito y en los ríos de la alegria,
Llenaré los mares y oceanos,
Levantaré polvo en los desiertos.

Supe que estás con rádio,
www.numaboafm.com.ar
Pero no puedo oirte,
Y no tengo condiciones de cantar.

Estoy atravesando tus fronteras,
Ni siquiera una computadora,
Tengo como llevar,
Cargo pesos de amor para dar.

No me canso de caminar,
Hasta mi celular quedó en el Rio Paraná,
Nunca me diste tu número,
Como podría llamarte?

Ya en la central de la pampa Argentina,
De suelos ricos en delicadezas,
Voy como un andariego,
Pisoteando mis rumores.

En mi lejano destino,
Ja pasé frio y calor,
Dormí debajo de los árboles,
Soñando contigo la noche entera.

En la esperanza de encontrar,
Pronto, pronto, te abrazaré,
Y nunca más te soltaré,
Pasiones agonizantes para sofocarme.

No te encontré en las Pampas,
Dormiré en Córdoba,
Dicen que allá es muy bonito,
Talvéz alguien pueda informarme.

Ando de forma errada,
Ahora estoy en el centro,
Ahora estoy en el norte y sur,
A veces en el noroeste y sudeste.

Por donde debo atravesar,
No tengo un guía,
Ni un mapa y ni una brújula,
Perdí en el rio Del La Plata o GPS.

Voy rumbando y sintiendo el perfume de la flor de Ceibo,
Tropezando en las piedras de Rosa Del Inca,
Ya estoy bien cerca del gran amor,
Sé que ella está esperándome.

Ya comienzo a subir a los Andes,
Hace frio y tiene mucho glaciar,
Tengo miedo, pero, es así mismo,
Voy hasta allá clamar tu nombre.

Desde donde estés, me escucharás,
Mis gemidos y llamados,
Queriendo siempre amarte,
No puedo más dejarte.

Caer, estoy muy lastimado,
No puedo más andar,
Tengo sed, hambre y frio,
Entre estas rocas dormiré.

Ya estoy en el medio de la nubes,
Hace más de veinte dias,
En el medio del Aconcagua,
Durmiendo entre la nieve.

Estoy soñando, alguien me está llevando,
Siento algo prendiéndome en el cuerpo,
Estoy preso y volando en las alturas,
Allana la alma brasilera en el suelo argentino.

A somnoliencia es palpitante,
Nada veo y nada escucho,
Y paseo por Bariloche,
Despierto con el cuerpo marcado.

Abro mis pupilas nordestinas,
La respiración es sofocante allá en cima,
Deshecho a mi alrededor,
Procuro saber como llegué allá.

En la cumbre del Aconcagua,
Veo el Condor de los Andes,
A velar dentro de mi mirada,
Con piedad del poeta brasilero.

No dejó que por alla quedara,
Trajo agua y pescados del mar,
Agito sus alas gigantescas,
Trémulo, asombrado y nervioso. Lloré.

Jamás vi tal pájaro monstruoso,
Me dio amplias sombras,
No permitiendo que el sol me quemase,
Me encanté por el sentimiento del ave.

Oh Dios, es este el Espíritu de los Andes?
Que salvó mi vida,
Trajo agua en su pico,
Y en las garras los pescados.

Dispuso sus alas de costa al sol,
Dando sombra y protección,
Ay de mi, Maestro de las Alturas,
Ahora haré versos en tu niño.

Lucharé contra tu exterminación,
Te libraré de los de los cazadores nefastos,
Hablaré con tu gobierno y con tu pueblo,
Para todas las eternidades conservarte.

O mi amigo Condor Andino,
Será que te acordaste de mi?
De aquel extenso poema,
Poetando en el año de ochenta y seis?

No, amigo Condor de los Andes,
No soy digno de ser tu poeta,
No soy argentino, soy brasilero,
Amigo de las alturas y de las cordilleras.

En tus antepasados y presentes,
Jamás oi una sutileza de esas,
Llevar un poeta en la cumbre andina,
Y gentilmente salvarme.

Aún no publiqué el poema,
Pero puedo recitar ahora,
Muéstrame donde queda Buenos Aires,
Allí donde vive mi amada.
.
Amigo Condor Andino,
Ella tiene treinta y siete años,
Bella, hermosa y sensible,
Pureza de alma y majestuosa.

Altura de un metro y sesenta,
No pasa de cincuenta y cinco kilos,
Toda airosa con ojos negros,
Cuerpo en forma y varias curvas.

Es. amigo Condor de las Cordilleras,
Mi amada es charmosa,
Tiene cabellos largos y ondulados,
Es dentro de ellos que me embarazo.

La hija de ella es una lindura,
Tiene charme y se llama Mayra,
De aquella novela brasilera baila conmigo,
Es una brasilera genuina.

Vas a partir Condor amigo, no vayas!
Agradezco humildemente por todo,
Un día quien sabe, puedo pagar,
Con el mismo amor que me diste.

Voló, agitando sus alas,
En el cielo nebuloso argentino,
Revoloteó a mi alrededor,
Dando un triste Adios para mi.

Se fue, desapareciendo en los cielos,
Ahora solo me resta clamar,
El nombre de mi amor,
Que comienza con V de Victoria.

Pero tu no pararás lejos de mi,
No me cansaré en el Aconcagua,
En este picadillo es algo así,
Estático, sin coraje y sin agua.

No me dejes aqui, amor,
Ya cansé de esperar,
La noche está llegando,
Estoy inmóvil de frio sin parar.

Los labios que te besaron,
Tienen aberturas en las facciones,
Desde la sequedad de este paradero,
Aguardando tu presencia.

No vienes ni aparece un bulto,
Acá estoy en el paradero sentado,
Levantando las pálpebras,
Para ver tu honrosa llegada.

Juro, que de allá borraré en Mendoza,
Si no vienes me quedaré esperando,
En la Nibes del Cierro del Plata,
En la cumbre de tu placer.

Si no me escuchares a los gritos,
Mis gemidos y dolores,
Paseando en el hielo y brisas,
Entrando en la nieve y en las nubes.

Retormaré para centinela de piedra,
Allá retiraré las llamas abiertas,
Descenderé para la Ciudad,
Para cerca del Obelisco.

Talvez quien sabe,
En la Avenida 9 de julio,
Puedo verte por allí,
Y desde allí nunca más me separar.

Andaré en las calles a tu procura,
No sé donde te encontraré,
Entre los pampas esmeraldinos,
Pero por allí pernoctaré.

Anduve tanto y heri mis pies,
Sangre el líquido de la vida,
En esta devariada caminata,
Mismo así, me curé de amor por ti.

Anduve en los cielos y no me oiste,
Estoy aqui amor, en la Plaza de Mayo,
Sosteniendome en las rejas de la estatua blanca,
Pasa mucha ente y no saben informarme.

Veo en mis ojos castaños,
Parejas de palomos amándose,
Besándose cerca de mi,
Dando amor en forma de unión.

No me contento, amor,
Hasta no te hallar,
Quedaré tristoño y muy lagrimoso,
Saldré del centro de la ciudad.

Iré a la Patagonia a besar tus flores,
De los contrastes altiplanos,
En aquellos lindos bosques y lagos,
Que um día tu me mostraste.

Talvez allí pueda encontrarte,
Y juntos amarnos,
Al menos en tu pais,
Quiero solamente besarte.

Mirar profundamente en tus ojos,
Levantar los cabellos amarillos castaños
Sorber siquiera un beso,
Y después vivir en tu corazón.

Ya escuché bastante de Mercedes Soza
Me da una chance,
Sólo quiero tus cariños,
Y tú siempre serás mia.

No ves que me esfuerzo,
Desde el Aconcagua atrás de ti,
Y no te encuentro en ningún lugar,
No me dejes perdido en el tango.

No me dejes perdido en la Cordillera,
Ya he estado allí y no quiero volver,
Ven, ayúdame, dame fuerzas,
La bravura de tus fuentes y placer.

No me abandones en la Patagonia,
Tengo miedo de la Tierra del Fuego,
Por no hablar tu lengua,
No sé que será de mi.

Enséñame al menos dos,
Anduve y heri mis pies,
Sangro el líquido de la vida,
Mismo así, me sané.

No dejes que los elefantes marinos,
Arrastren tragando los poemas en el mar,
Y en esta aventura podré perderme,
Yo no sé nadar, sólo te sé amar.

Tus amigos me dijeron,
Que en la Argentina de Mar del Plata,
Allá, tu no resides mas acá,
Ella se fue, no saben para donde.

Oir todo esto me consumió,
Dentro mio salta como si destruye,
Pero soy fuerte en el amor,
Ni las espinas pueden hacer que yo pare.

Tu amor se cansó de procurarte,
Mi cupido retornará,
Muy triste de la existencia,
De este sacrifício y no te hallar.

Veo en mi vuelta,
Veo que nada sobró,
Apenas la tarjeta de crédito,
Que me lleva para Ásia.

Iré lúgubre para el Himalaya,
Solitario, en un único vuelo de amor,
Soñando siempre contigo,
En la esperanza de un dia te hallar.

Sé que allí aún te amaré.
No abandonaré las esperanzas,
Si apagar en el tiempo y espacio,
Vivirán conmigo por siempre.

Succionando mis piernas trémulas
Diminutas vencidas de mi corazón,
Solo la poesia y yo sabemos,
Que vamos viajar en otros montes.

Entre el cielo y la tierra,
En el Everest alto allá,
Escribiré este poema,
En su cumbre para por siempre quedar.

Ay como duele este dolor,
De amar y sentir dentro,
Que el amor es siempre un dolor,
Que deambula por mi cuerpo.

Destruyendo mi ansia,
Secuestrando mi pensar,
Descargando el placer de amar,
Por um gran amor que no acabó.

Vale tu nombre en el mio,
Será de siempre te amar,
Ni que sea en las alturas,
Pero el mundo soñará.

Que soy digno de tu amor,
Y no habrá ningún amor,
Mayor que el mio para darte,
Juro, que este hombre aún no ha nacido.

Para amar cuanto yo te amo,
Durante este nuevo milenio,
No hay luna mayor que el sol,
Y ni tierra menor que la luna.

Es por eso que te amaré,
Amando como siempre amé,
En el más alto de los picos entre las cumbres,
No habrá otro amor.

Sobrelleva en los Condores Andinos,
En el sol, en el frío, no me afligen,
Un amor está hecho de amor,
Y por el amor, voy viviendo de amor,
Por um gran amor que és de la argentina.




ERASMO SHALLKYTTON
Enviado por ERASMO SHALLKYTTON em 10/01/2006
Reeditado em 06/10/2011
Código do texto: T97016
Classificação de conteúdo: seguro

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